Puede parecer que todas las piscinas son iguales. Pero no es así. Quizás os habéis fijado alguna vez en lo rápidos que son los nadadores en los Juegos Olímpicos. Pues bien, hoy descubriremos todo acerca de la increíble preparación de las piscinas olímpicas.

Aunque las piscinas olímpicas se ven como piscinas normales, la verdad es que el líquido con el que las llenan no es el mismo. Contienen ozono y oxígeno, lo que las hace muy flotantes en consistencia. De esta manera los competidores pueden nadar más rápido. Además, existen otros aspectos que influyen en la preparación de estas piscinas y que veremos a continuación.

¿A qué temperatura deben estar las piscinas olímpicas?

La Federación Internacional de Natación (Fina, por sus siglas en inglés) establece que las piscinas olímpicas debe mantener una temperatura entre los 25 y 28 grados para nadar en competición estándar y en los Juegos Olímpicos.

Este intervalo de temperatura facilita el rendimiento de los atletas y garantiza su salud. Aumenta su velocidad al ayudar a los músculos, pero implica mayores cargas metabólicas y cardiovasculares, así como niveles de deshidratación. Sin embargo, una temperatura más fría del agua podría causar hipotermia.

A máxima transparencia

El agua de la piscina olímpica  debería posibilitar que los nadadores puedan ver sin obstáculos las líneas marcadas en el fondo, para nadar de la forma correcta por sus carriles. Por esta razón, el agua debe permanecer completamente transparente lo que se logra con un excelente filtrado y tratamiento del agua. 

De esta forma, el agua de una piscina olímpica debe poseer un buen sistema de depuración que filtre y desinfecte el agua, mediante la recirculación. Además, el nivel del pH debe ser el adecuado a través del uso de sistemas de cloración eficientes que disminuyan en lo posible el nivel de químicos en el agua.

Temperatura y humedad ambiental controladas

La temperatura no solo importa dentro del agua. También la temperatura del aire y la humedad del ambiente pueden afectar a los atletas.

La temperatura ambiental debe oscilar entre los 2ºC y 3ºC encima de la temperatura del agua, con un tope de 28ºC. Por su parte la humedad debe estar entre 55% y 70%.

La profundidad de la piscina afecta a la competición en natación

Las piscinas olímpicas deben tener una profundidad óptima de 3 metros con unas dimensiones de 50 metros de largo x 25 de ancho. A partir de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008, la Federación Internacional de Natación estableció esta medida. Esto posibilita una flotabilidad mayor y menos turbulencias en el nado de los atletas. De esta manera, las ondas tardan más tiempo en llegar al fondo y devolverse a la superficie.

Banderines, cuerdas de salida falsa, carriles y drenaje

Existen otros aspectos que forman parte del protocolo reglamentario de las piscinas olímpicas como el uso de banderines de advertencia, cuerda de salida falsa, carriles y drenaje.

Habrás notado que los atletas son capaces de nadar de espalda sin chocarse. Los banderines que se encuentran a 5 metros de la salida y la llegada les permiten saber el final del carril desde el principio y a lo largo de su recorrido. Estos banderines miden dos metros de altura y son completamente visibles. 

Cuando alguno de los atletas no comienza correctamente o se produce una salida falsa, se escucha al momento un aviso acústico. En ese momento, cae una cuerda a 15 metros de la salida. Los participantes entienden que deben repetir su salida.

En las piscinas olímpicas existen 10 carriles, de los cuales se utilizan solo los 8 del medio. Los dos que se encuentran en la parte exterior amortiguan las ondas del agua. Por otro lado, el drenaje contribuye a evitar que las ondas retornen al centro de la piscina.

Los especialistas en piscinas y la tecnología también aportamos de esta forma al deporte, poniendo nuestro granito de arena al perfeccionamiento de la competición y el rendimiento de los atletas de la natación.